Frente al arco del Compás de San Francisco se encuentra este Portillo de Corvache, que milagrosamente ha sobrevivido al paso del tiempo.
Esta pequeña puerta fue abierta a finales del siglo XIV y tenía como función comunicar las dos partes de la ciudad, medina y ajerquía, que estaban separadas por la muralla. Todavía hay restos de esa muralla adosados a los edificios de este lado de la calle de San Francisco; algunos visibles, como en la Ermita de la Aurora; otros no, como el que el derribo de la casa adosada al portillo ha dejado a la luz. El arco del Portillo es de medio punto, sin elementos ornamentales, y ensanchado en su parte inferior tras la reforma realizada en 1703 para permitir el paso de carruajes.
El caminante que lo traspase y suba la ligera cuesta a la que da acceso, se adentrará en un singular entramado de calles en las que el tiempo parece haberse detenido. De noche, son especialmente sugerentes.

